Luces, sombras y atmósferas.
Esta serie de pinturas que exhibe Carmen Couve en esta ocasión, ofrece al espectador una oportunidad notable en lo que se refiere a la contemplación y a la comprensión del quehacer pictórico. No solamente estamos frente a una serie sostenida en el tiempo (2011-2011) que nos muestra una evolución en la manera de concebir el lenguaje pictórico, sino que frente a un proceso singular de una relación de la pintora con su medio.
Asistimos a una fuerte experiencia de introspección, que quizás sea una de las experiencias vitales más propias de la pintura. En los primeros cuadros vemos la atención de Carmen Couve orientada hacia el paisaje como imagen, hacia afuera. En la elección de la pulsión y la gestualidad pictórica, trazos enérgicos y expansivos de unos paisajes matéricos que se organizan a partir de aguadas, pastas y color, para generar volúmenes y temperaturas lumínicas. En contraste con ellos, Couve evidencia el soporte de la tela como superficie pasiva y sostenedora, recurso que le ayuda aún más a que experimentemos la soltura de su gestualidad pictórica.
Paulatinamente a lo largo de la exposición asistimos a un cambio en la formulación de la imagen y de su concepción del proceso pictórico. Algunos paisajes se fragmentan, los colores desaparecen y la gestualidad empieza a hacerse más contenida, hasta que ya estamos dentro de un espacio de contemplación. Las sombras monocromas pasan a ser los personajes más importantes. Sombras elaboradas a partir de un claro oscuro sintético y casi inmaterial, sombras proyectadas que nos dejan adivinar los objetos y personajes ausentes.
La observación de la proyección de las sombras pero también del contraluz como efecto óptico, le permite a Carmen Couve dar cuenta de aquello que no está en el cuadro. Podríamos decir que los tonos medios han sido restringidos al mínimo, para forzar la relación más estrecha entre los valores de la luz y la sombra. Esta máxima síntesis de la imagen, imagen de ausencia e imagen mínimamente formulada, se mezclan en un resultado estético conmovedor, arriesgado y muy atractivo.
Voluspa Jarpa
2011.
La pintura, el pintor y el modelo.
La propuesta pictórica que Carmen Couve hace al espectador, a mi juicio, permite revisar la clásica, pero no por eso menos problemática, relación entre la pintura como código visual y la realidad como modelo.
A partir de esta serie, la cual da cuenta del desarrollo u madurez del trabajo de la autora, podemos dilucidar el montaje sensible e intelectual que constituye el cuerpo de la obra y que sería la relación entre la Pintura, el Pintor y el Modelo.
De este esquema universal Carmen Couve sugiere sus propias declinaciones autorales.
El Modelo temático, o sea a nivel de representación, con el que Carmen Couve decide trabajar analíticamente, es la figura humana. Pero la importancia del modelo está limitada en la medida que no sobrepase a su verdadero y gran tema que, sin duda, es el propio lenguaje pictórico.
El referente que en realidad subyace en la obra de Carmen Couve, a mi parecer, se constituye a partir de la Pintura; esto es, la pintura en su despliegue material; lo que hace menguar el carácter escenográfico, o de la puesta en escena, para revelar y referirse a la mancha, a la aguada, a la mediatinta, a la sombra y a la luz.
El otro elemento que compone este engranaje, o sea el Pintor, se hace presente en la obra mediante la lectura de sis gestos, de si manualidad, de sus decisiones plásticas, de su abandono e intimidad.
La mirada que Carmen Couve propone, ya no sobre la realidad, sino sobre la pintura, es una mirada que recoge los elementos formales esenciales del modelo, eliminando las particularidades y los adjetivos anecdóticos, para quedarse con la formulación y modulación de una mediatinta finísima, reforzada por toques de luz y sombra.
Voluspa Jarpa
Los Grises
En el vocabulario visual, los grises poseen un significado esencial. Ninguna paleta de pintor ha podido prescindir de ellos.
El color, para rendir su delicadeza, se hace acompañar de un gris correspondiente. Ellos sirven de pasaje a la luz; a una sombra; de un color complementario.
El pintor que trabaja una gama de grises sabe de su multiplicidad. Su elaboración es inagotable: agregar significa enriquecer; insistir es profundizar. Son estos grises los que Carmen Couve ha elegido para desarrollar el tema del desierto.
Ella recoge en sus pinturas un instante breve y único: el crepúsculo. Parece situarse en el momento que lo real se va convirtiendo en lo irreal. El beduino y su camello, figuras milenarias perdidas en las dunas hablan de un tiempo que termina, pero a la vez, da paso a otro presente, pasaje ineludible, musical, conducente a otro espacio.
Ximena Cristi